Este Salmo siempre me ha impactado desde que hice el retiro con el padre Ignacio Larrañaga (epd) por el año ‘85. Fue un verdadero descubrimiento de mi otro yo. ¿Dónde está aquel que busca mi alma? Oh Dios, Tú eres mi Dios, por Ti madrugo, mi alma tiene sed de Ti, mi carne tiene ansias de Ti, como tierra reseca, agotada, sin agua”. (Salmo 41)

“Como jadea la cierva, tras corrientes de agua, asi jadea mi alma, en pos de Ti, mi Dios. Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios? ¿En dónde está tu Dios? (Idem).

Y qué decir del Salmo 62: “En Dios solo el descanso de mi alma; de Él viene mi salvación: solo Él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar… En Dios solo descansa, oh alma mía, de Él viene la esperanza; mi salvación, mi gloria y mi fuerza.

El Salmo 62, de David cuando estaba en el desierto de Judá: “Dios, Tú mi Dios, yo te busco, sed de Ti tiene mi alma, en pos de Ti, languidece mi carne, cual tiene seca, agotada,sin agua. Todo esto lo vemos comprobado en la Biblia. El autor de los Salmos se siente sediento de Dios como una tierra reseca, como una cierva que corre hacia las corrientes de agua fresca”. (Salmo41)… Jesús “roba” las horas, al descanso y al sueño, se va a los cerros para pasar la noche con el Padre”.

Y es que las lecturas de hoy nos hablan de la necesidad que tenemos del Dios vivo. San Pablo incluso en la Primera Carta a los Filipenses es muy claro: “Para mí, la vida es Cristo, y una ganancia el morir”.

Y nos dice también que lo espera con impaciencia, porque sabe que nunca será derrotado. Y piensa que si “el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro este dilema: Por un lado deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho, lo mejor; pero por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para ustedes”. Amén.

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